viernes, 20 de diciembre de 2013

El cuarto C

Hace diez años, por estas fechas, fue el último día de clases en el colegio. Me acabo de dar cuenta, porque estoy estudiando asuntos relacionados con educación, con nuevas formas de aprendizaje, y dicen que la escuela tradicional aburre a los chicos, que no hay participación, es sólo un profesor hablando y gente tomando apuntes. Pero yo tengo un recuerdo muy diferente…

Al llegar a la Universidad, todos mis compañeros comentaban que esa etapa había sido un suplicio, una opresión, poco menos que una tortura de la que al fin se habían librado. Mientras que yo soñaba noche por medio de que “pasaba algo” y teníamos que volver al colegio, me encantaba la idea de cursar quinto medio, sexto medio, y así infinitamente. Aunque también en otras ocasiones pensaba que quizás en algún otro colegio más exigente hubiera aprendido más (como si en cuarto medio no hubiera estado con el ojo tiritando del estrés… literalmente). Supongo que era la escusa por verme menos culta de lo que me hubiera gustado, pero ahora me doy cuenta que la idea de un colegio más exigente era una soberana estupidez.

Como contaba, en los textos que estoy leyendo sobre una “nueva educación” hablan de la necesaria revolución educativa para que el aula se vuelva un lugar “habitable”, donde no hayan alumnos y un profesor, sino más bien una comunidad qua aprende junta, que se abran los espacios a otro tipo de actividades más interactivas y creativas. Y yo me pongo a recordar…. La verdad, que desde la perspectiva actual, hay muchas cosas del colegio al que asistimos que me parecen mal, autoritarismos, imposiciones, pensamientos rígidos en muchos aspectos, por ni comentar que a las chicas embarazadas se les “aconsejaba amablemente” que no asistieran a clases, y así otras muchas burradas. Sin embargo, al mismo tiempo me sorprende de que hubiera un grupo importante de profesores tan creativos y jugados, más encima, dentro de lo “opulento” que era nuestro colegio en permanente casi quiebra. A pesar de todo, muchos recordamos una atmósfera acogedora, un espacio en el cual nos sentíamos bastante integrados, que fue el marco para innumerables locuras e invenciones varias. Yo al menos lo recuerdo con mucho cariño, bueno cariño y humor, porque creo que la cosa que más hice allí dentro fue reir, bueno y comer… es que rumiabamos todo el día!

En los estudios aquí en España, gran parte de mis compañeros (que sin duda han tenido una educación mejor y con más recursos) me comentaban que nunca habían hecho una presentación en público ¿Qué? Pues yo no sé si hacíamos en el colegio presentaciones muy buenas, pero recuerdo pasar la mitad del tiempo disfrazada, con un títere en la mano, grabando videos surrealistas para hablar de los diptongos, o al menos es la parte que más quedó en la memoria. Me acuerdo de la Anita Lazo, vivía inventándonos actividades en grupo, para todo, y tomándose con humor cuando la imitábamos ( i-mi –taaaaa-ba-moooos). Videos, grabaciones en cassete, sketches y un montón de experiencias en donde ya hicimos todo el ridículo que se puede hacer de por vida. Además todo esto en un ambiente de muy buena onda entre compañeros, del cual quizás solo fuimos conscientes después de salir. La Gigliola con sus ataques de locura y desenfreno en la esquina de la sala,  para momentos después estar tranquilamente maquillándose detrás de la cortina y estudiando para la prueba de historia. La Nicol alegando que no puede haber prueba el martes porque la Mona estaba de cumpleaños. Y cambiaban la prueba po!! Otros más serios, más reservados, otros más locos, más mateos, más perdidos. La Danissa que paseaba un autito con un pañuelo, la Dani con la Nataly siempre al frente del profe obteniendo the information. Al Claudio o "Fibraudio"que no se le podía bajar del escenario bailando techno, las chiquillas copuchando, al Diego haciendo polémica por algo jaja y el Ricardo rallando la papa… bueno, nosotros dos rallando la papa. Las cagas, los cahuines, las fiestas, los café concert, las completadas, los paseos, la “Noche Lait” con muchas papas fritas y espectáculo de primera en nuestro escenario (con guarén incluído), las alianzas, los que se iban a los videos a los pool o a la línea del tren, los que llegaban siempre tarde (la Cri), los torpedos en Word, los asquerosos papeles en el techo, los amores y desamores, la Dalva obsesionada con que nos abrocháramos el delantal, la huelga breve porque cambiaron al Fabrizzio de curso, el profe adorado y bakán, y al que no le fue muy bien (la profe del calcetín jajaja) al menos para mí todo suma una experiencia enriquecedora en un ambiente que te estimulaba para ir cada día, en el que te sentías casi siempre acogido, algo que parece fácil pero que ahora pienso, es una inmensa fortuna, una suerte.

¿Estudiar? Nunca solos, si la prueba era a las doce nos poníamos a compartir los resúmenes desde tempranito (entre que masticábamos el arroz inflado que compraba la Chanty), los que cachaban más iban explicando, y al explicar los iban corrigiendo y la cosa se iba aclarando. Los estudios de matemáticas en la casa del Ricardo, a veces con casi todo el curso, y después de comer mucho, sacar la vuelta y hasta cantar y bailar, nos poníamos efectivamente a estudiar, y resolvíamos dudas entre todos. Me acuerdo que no había forma de que me entrara en la cabeza el asunto de los logaritmos, y un día estábamos estudiando en las mesas del mall y llegó el Fernando lo explicó y por fin lo entendí, como que se abrieron las nubes  aaaaaaaah! (cantos angelicales) jajajjaa. Tampoco se me olvida cuando estudiamos las partes de la célula, y con otros teníamos como un show en donde mi estuche era la mitocondria y el cole del pelo era el nucleo, y no se quien hacia de aparato de golgi. O sea, cabros, asumámoslo, la creatividad y el entusiasmo se nos salía por los poros. Bastante lejos del retrato de escuela aburrida que estoy leyendo, y bastante cerca de esas revoluciones super cachilupi chachipiruli.


Así que hay mucho que agradecer al grupo de personas que formó el curso, como también otros cursos con que nos relacionábamos, y por supuesto a muchos profes jugados o a ciertas cosas que hacía el colegio, que ahora se los cuento a otras personas y les parecerá una broma. ¿Se acuerdan el día del alumno? Esa sesión en que nos daban el gusto absoluto y los profes hacían los sketches más ridículos que podrían hacerse para que muriéramos de la risa. Al Sambra disfrazado de mono (en una clara referencia a si mismo) saltando por el escenario y la Anita Lazo de niñita chica, la Leticia de chora (era terrible de buena en el escenario), o en las alianzas la Alejandra de Punk??? una locura. Así que agradezco a todos, al tío Lucho, al tío Adolfo, a los profes buena onda y a los que no tanto que también lo intentaban muchas veces jajaja. Pero especialmente a mi curso, que fue mi mundo de aprendizaje, ese aprendizaje integral del cual los teóricos hablan ahora y que yo tuve la suerte de vivir en parte. Gracias a todos, y la mejor de las suertes en sus vidas!